La prevención del cáncer de cuello uterino

La mejor forma de curar una enfermedad es prevenirla, es decir, evitar que aparezca. Existen pocas enfermedades que permitan realizar una verdadera prevención y una de ellas es el cáncer de cuello uterino. El trabajo paciente y concienzudo del Dr. George Papanicolaou, un modesto médico griego que llegó a Nueva York con 25 dólares en el bolsillo en 1913, le permitió en 1947 desarrollar una prueba sencilla, barata y capaz de aplicarse en masa a la población femenina para diagnosticar las lesiones precursoras del cáncer de cuello uterino. Esta prueba es la “Citología vaginal exfoliativa”. 

La Citología vaginal permite “cribar”, es decir, localizar a las mujeres que tienen células precursoras de cáncer de cuello uterino antes de que se conviertan en cáncer invasivo. La aplicación de la citología produce la disminución de los casos de cáncer de cuello uterino en la población a la que se aplica. Desde los años 50 y 60 se han implementado programas de cribado poblacional en numerosas comunidades y países, beneficiándose del efecto preventivo de la citología y produciendo un descenso de mortalidad por cáncer de cuello de útero, pasando de ser el segundo tipo de cáncer ginecológico más frecuente en la mujer, después del de mama, a la cuarta, por detrás del de endometrio y ovario. 

Simultáneamente a la aparición de la Citología se desarrolló una técnica de localización de imágenes sospechosas de lesiones precancerosas en el cuello uterino, la Colposcopia. Se basa en la observación del cuello uterino con un aparato, llamado Colposcopio, un instrumento óptico binocular que permite explorar el cuelo del útero con diversos aumentos y con distintas preparaciones utilizando ácido acético o Lugol. Ello permite localizar unas imágenes perfectamente tipificarlas y biopsiarlas para que el Patólogo diagnostique la lesión. La utilización conjunta o secuenciada de la citología y la colposcopia ha permitido localizar, biopsiar y diagnosticar las lesiones precursoras del cáncer de cuello. 

Desde los años 80 del siglo pasado se estableció la relación del cáncer de cuello uterino con diversos tipos del Virus el Papiloma Humano (HPV). Las evidencias sobre esto llegaron a ser incontestables y se abrió un nuevo camino en la prevención del cáncer de cuello uterino, por una parte, en el diagnóstico mas eficiente de lesiones precancerosas y por otra la posibilidad de una prevención primaria del cáncer de cuello, es decir la prevención de la aparición de lesiones precancerosas impidiendo la acción de virus mediante la aparición de vacunas contra el HPV, que se comenzaron a utilizar en la primera década del presente siglo. En España desde 2008 se han establecido programas de vacunación a todas las mujeres de entre 12 y 14 años, según la Comunidad Autónoma, con muy buena aceptación y tasas de cobertura importantes.

La situación actual en España es una población femenina por debajo de los 25 años vacunada contra el HPV en una proporción bastante alta, cercana al 75%. No existe un programa de cribado poblacional, es decir a toda la población de una comunidad, a nivel nacional. Se está planificando desde hace años un programa de cribado poblacional en Aragón, de implantación muy cercana. En nuestra Comunidad Autónoma como en el resto de España, se realiza un Cribado llamado “oportunista” en las consultas de ginecología a las que va la mujer por distintos motivos y de aprovecha la “oportunidad” de realizar este cribado. 

El conocimiento del papel del HPV en el cáncer de cuello y la vacunación poblacional ha condicionado la prevención y el cribado de cáncer de cuello. De este modo en 2014 la Sociedad Española de Patología Cervical y Colposcopia publicó la guía de prevención de cáncer de cuello uterino, que desde entonces protocoliza dicha prevención. Recomienda la Vacunación contra el HPV como el mejor método de prevención primaria contra el cáncer de cuello uterino. Asimismo, establece que desde los 24 a los 30 años se debe de hacer una citología vaginal a todas las mujeres que hayan iniciado su actividad sexual, cada tres años. De los 30 a los 65 años, una determinación de HPV en cuelo de útero cada 5 años. No se realiza cribado en mujeres a las que se haya extirpado el útero sin patología cervical previa. En mujeres inmunodeprimidas se realizará citología cada 3 años desde los 21 años y citología con HPV desde los 30 años cada 5 años.  A partir de los 65 años no se requiere cribado, siempre y cuando se lleve mas de 10 años con cribados negativos. 

Cuando en el cribado da un resultado positivo, se realizan las pruebas diagnósticas para confirmar que la paciente puede tener lesiones sospechosas. Eso se hace mediante la colposcopia y la biopsia selectiva de las lesiones encontradas. La Colposcopia permite identificar las zona atípicas sobre las que pueden asentar las lesiones precancerosas o cancerosas que se deben de biopsiar y será el Patólogo el que de el diagnóstico final del caso. 

Una mujer con prueba de cribado negativa debe de seguir el programa de cribado establecido. La mujer con una citología positiva debe de hacérsele una Colposcopia y si en ella se observan zonas atípicas realizar una biopsia. La mujer con una determinación de HPV positivo debe de hacérsele una citología y si resulta positiva hacer una Colposcopia. 

Para ampliar conocimientos visitar:

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